El pasado 31 de diciembre tuvimos la oportunidad de celebrar la entrada de año de una forma muy especial: con Buda Tara. Dar la bienvenida al nuevo año con la práctica especial de las 24 horas de Tara se está convirtiendo en una tradición cada vez más popular entre los centros de budismo kadampa moderno. Básicamente consiste en realizar, cada cuatro horas, las oraciones Liberación del Dolor. Alabanzas y súplicas a las veintiuna Taras. En nuestro Centro, además, se incluyeron meditaciones especiales, antes y después de la entrada del año y la meditación del cierre, para los buenos propósitos.

TARA VERDE

TARA VERDE

La primera puyha de Tara Verde (oraciones cantadas) comenzó a las 12 de la mañana del día 31. Previamente se había dispuesto un bonito altar, que fue llenándose de ofrendas a medida que venían más asistentes. A las 19.30 (antes de la tercera puyha), guen Kelsang Rabjor, el maestro residente del Centro, nos explicó quién es Arya Tara y la especial conexión que los practicantes kadampas tenemos con ella. 


Arya Tara es un Buda femenino, manifestación de la sabiduría y de la compasión de todos los Budas.


Se dice que Buda Tara verde nació de las lágrimas de compasión pura derramadas por Avalokitesvhara. Esta historia ilustra que la sabiduría nace de la compasión, y a lo largo de todo nuestro camino espiritual no debemos perder de vista esta íntima conexión. El venerable Gueshela nos transmite también que, al igual que nos apoyamos en una madre para desarrollarnos y crecer, del mismo modo hemos de refugiarnos en nuestra madre iluminada, Tara, para evolucionar espiritualmente. Tara se manifestó para ayudar a Avalokiteshvara e igualmente está solícita para ayudarnos a nosotros. Tara, además, al ser una manifestación del elemento aire completamente purificado de todos los Budas, es especialmente rápida a la hora de brindarnos su ayuda y liberarnos de peligros y temores. Guen Rabjor se detuvo también en explicarnos la práctica en cierto detalle aunque a decir verdad, la principal indicación fue: “déjate llevar”.


…Así pues, de la mano de guen Rabjor nos sumergimos en la tercera puyha de la jornada


Tras ella, embriagados por su energía nos dispusimos a tomar la cena de fin de año en la terraza del Centro. Todo tenía un brillo especial. Los residentes y algunos voluntarios habían preparado manjares deliciosos: tartaletas de nata, brazo gitano vegetal, champiñones asados, salteado de verduras con tofu y unas exquisitas patatas horneadas y aromatizadas con romero, recogido del mismo jardín de nuestro centro. Y luego fueron unos postres de flan con nata y delicioso chocolate.


El tiempo se nos pasó volando…


y, aunque la conversación era agradable y abundante, debíamos volver a la gompa (sala de meditación) para realizar la meditación antes de acabar el año.

Por fortuna gozamos de la maestría de guen Kelsang Rabjor que supo, sin ensombrecer el ambiente festivo, exponernos unas  enseñanzas profundas y una especial receta para la liberación del dolor, de todos y cada uno de los seres. En síntesis esta receta es:

La felicidad se consigue por medio de la paz interior. Todos nuestros problemas surgen del deseo incontrolado de ser felices. Este deseo genera las faltas que destruyen nuestra paz mental. Es posible remontar estas faltas al igualarse con los demás, ya que todos deseamos lo mismo. Por eso la sabiduría capaz de liberarnos del dolor nace de la compasión.

y las uvas ?

La anécdota de la noche se produjo cuando ¡nos olvidamos las uvas de la suerte en la terraza! Pero casi que mejor así, porque pudimos terminar la meditación de buenos propósitos con serenidad y, tras abrazarnos y felicitarnos, nos tomamos las uvas ¡como reyes, no como pavos! Esta entrada de año fue muy muy especial para mí y no dudaré en volver a repetirla.

Poco a poco la reunión fue dispersándose y fuimos quedando menos personas a medida que pasaba noche. Interrumpir el sueño para realizar las dos últimas puyhas y concentrarnos en ellas requirió de bastante determinación pero mereció la pena, y el esfuerzo realizado formó parte de la enseñanza práctica. Algunos valientes se unieron también a la última sesión, a las ocho de la mañana, y meditamos con los primeros rayos del sol del primer día del año, como las tradiciones orientales (si bien, aquí lo coronamos al estilo autóctono ¡tomando unos estupendos churros con chocolate! -¡por cierto, qué amabilidad la del señor churrero del pueblo!). He de decir que me sentía completamente feliz y embriagada por la experiencia, las risas y las bendiciones…


Cómo hacer realidad los buenos propósitos

Para acabar, realizamos la última meditación a las 11.30 am, con la enseñanza de guen Rabjor (Cómo hacer realidad los buenos propósitos).  La gompa se llenó de nuevo y, con la transmisión del maestro, afianzamos las ideas de la noche tan mágica que habíamos pasado y reforzamos la intención de vigilar la mente y buscar las bendiciones, para alcanzar la sabiduría necesaria para avanzar en nuestro desarrollo espiritual. Muchos tomamos el propósito de realizar una meditación formal al menos una vez al día, y también de recordarla a lo largo del día (como quien se toma su medicina con regularidad, “cada cuatro horas”), para llevarla luego en el corazón. 

Así despedimos esa mañana tan bonita de comienzo de año, felices y con el corazón henchido de luz e ilusión por comenzar al Reto de 21 días (el 10 de enero) y culminarlo con la iniciación tántrica de la Gran Madre Prajnaparamita (el 1 de febrero). 

Todas y todos estáis invitados a participar en esta apasionante aventura interior porque ¡todo el mundo es bienvenido!.


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